Me doy permiso

Me doy permiso para no andar corriendo por la vida -sin vivirla-
"Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena"Joaquín Sabina

viernes, 23 de abril de 2010

Caminos


Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en el mar.
¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar...?
Antonio Machado
Estos días en los que he estado lejos, apartada de mi entorno, de mis mundos, el virtual y el real, he tenido tiempo de pensar y de poner las ideas en orden. De dar prioridad a las cosas importantes y dejar de lado las cosas insignificantes que no valen para nada más que cabrearnos e irritarnos.
De vez en cuando viene bien darse cuenta de las cosas que son necesarias para vivir y ver que la mayoría de las cosas que tenemos no sirven para nada y por supuesto no nos dan la felicidad.
Viene bien descubrir lo importante que es la salud y lo poco valorada que está que solo nos acordamos de ella cuando nos falta y nos impide llevar una vida normal. Esa vida normal que solo valora lo material y lo superfluo.
Estos días en los que he estado lejos, lejos de mis amigos ha estado bien conocer a gente de todas partes del mundo y ver que en la mayoría de los casos lo único que nos separa es el idioma, que en el resto de las cosas somos iguales, idénticos, como hermanos gemelos.
Ver como hay gente bondadosa que te tienden la mano sin conocerte, y como la tiendes a los desconocidos. Porque aunque cada uno tiene un camino distinto todos llegamos al mismo destino.

martes, 6 de abril de 2010

Enemigos en la sombra


"Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas". Marco Tulio Cicerón




Tengo un sueño que me atormenta y que me persigue. No es un sueño, es una pesadilla.
Sueño que un toro de color negro azabache me persigue. Tiene unos cuernos imponentes, da miedo solo mirarlo y es de gran envergadura y tamaño. Corre detrás de mí y se cuela por todos los rincones, nada se le resiste. Me hace saltar a balcones, entrar por ventanas, pasar por callejones estrechos y subir escaleras. Escaleras que no tienen fin. Y subo y subo, corriendo sin respiración y él detrás de mí. Nunca me alcanza pero lo paso fatal. Cuando despierto estoy extenuada y la respiración aun me falta. Y me cuesta volver a conciliar el sueño y solo veo su cara, sus cuernos y su color negro brillante.
No se si significa algo o no. El caso es que no me gustan los toros nada. Según la interpretación de los sueños Si el toro es negro, debe tener mucho cuidado con lo que hace y dice, porque los enemigos son peligrosos .
Nunca he pensado que pudiera tener enemigos y mucho menos peligrosos, tendré que tener cuidado..

sábado, 3 de abril de 2010

Labios rojos


Pinto mis labios de rojo delante del espejo pensando en ti.
Delicadamente paso un perfilador rojo por la comisura de mis labios mientras pienso la última vez que me mordiste los labios. Y un escalofrío recorre mi espalda y mi piel se eriza.
Unto el pincel en la barra de labios y me dedico a rellenar mis labios no son carnosos pero tampoco son finos, se que te gustan y por eso los pinto con esmero.
Los miro y los remiro, repaso mis labios. Retiro el exceso en un pañuelo de papel, siempre me ha gustado ver mis labios en un papel. Están perfectos. Se que te gustaran aunque no les vas a prestar atención.
Quedan unos minutos hasta que te vuelva a ver, hasta que desaparezca el maquillaje de mis labios. Hasta que desaparezca el rojo de mis labios y solo pienso en ese momento de morderte la boca. De comerte a besos, de que me comas a besos.

jueves, 25 de marzo de 2010

Verano fatal

Te vi en un escenario intentando disparar
a este chico solitario, no me tengo que acercar,
tus ojos me encontraron en la última canción,
no sé si era una promesa o una premonición.

Te observo al descender y una extraña sensación después,
cómo poco a poco me voy empezando a encoger,
llegando a la ciudad la mujer del tiempo nos dirá
que a una primavera en calma siempre le sucederá un verano fatal.

No tenemos que escondernos alguien nos encontrará,
hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar,
la mañana nos recoge donde muere la ciudad,
yo buscando tu fuerza y tú mi debilidad.

Te vuelvo a escuchar en esa forma especial de hablar,
para ser un buen cantante tienes que desafinar,
hoy hace más calor y me tienes atrapado en tu rincón,
quien podría imaginar lo que nos iba a deparar un verano fatal.

Y aquí las noches llegan y nos pasan como un reactor
y todo lo que nace, nace casi como por error,
y las gaviotas chillan que ya está cerca el final de un verano fatal,
de un verano fatal.

Te pierdo entre la gente que ha venido a celebrar
que llega el presidente y dice que nos va a salvar,
veo pasos en la orilla y te vuelvo a encontrar
en el agua de rodillas rezando hacia altamar.

Y hablamos del amor pero es la hora del adiós
y el viejo que no sabe nada con su acordeón
y al huir de la ciudad la mujer del tiempo nos dirá
que a un otoño desastroso siempre le precederá un verano fatal.

Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge

jueves, 18 de marzo de 2010

Almendros


Huele a primavera.
Los almendros han abierto sus flores para avisarnos, para que no nos despistemos, que pronto la primavera va a llamar a nuestras puertas.
Hace un día espléndido. Luce el sol y no hay nubes en el horizonte.
La suave y cálida brisa hace bailar mi pelo a su son y el sol calienta mis mejillas y mi alma.
El aroma de las flores del campo embriagan mis sentidos y me trasporta a tardes de mi infancia corriendo entre ellas.
Hace un día genial para tumbarme a tu lado bajo el sol.
Para sentir latir tu corazón junto al mío.
Para besarte a la luz del día.
Para acariciarte y que la suave brisa erice tu piel.
Hoy huele a primavera.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Llueve


Llueve en mi corazón,
me mojo sin evitarlo,
no me gusta mojarme,
pero llueve.
Y no tengo cobijo
y nadie me da amparo.
Nadie se moja tanto como yo
aunque llueve para todos.
A nadie le importa mojarse
y parecen casi secos.
La lluvia ha calado mi interior,
está mojando mis huesos.
Tengo frío,
estoy empapada
y espero que algún día salga el sol
Que sus rayos sequen mis huesos
que su luz caliente mi alma.
Que la humedad desaparezca de mi
y que los demás no noten que ya no llueve,
que se mojen ellos mientras yo me seco,
que se empapen mientras mi corazón olvida la lluvia,
que olviden el sabor salado de la lluvia.

martes, 2 de marzo de 2010

La casa de mi abuela

Cuando era pequeña los domingos eran un día especial el cuál estaba esperando toda la semana a que llegara y es que es día íbamos a casa de mis abuelos que vivían en el campo. Allí me esperaba mi prima, mi querida y única prima. Es un año mayor que yo y siempre nos entendimos a la perfección. Yo deseaba que llegara aquel día pero ella más que yo. Y es que por circunstancias de la vida, que no vienen al caso, ella vivía en medio de la nada con mis abuelos y mis bisabuelos. En época escolar veía y se relacionaba con niños pero en vacaciones los únicos niños con los que se relacionaba era con mi hermano y conmigo. Creo que esta situación fue la que hizo de ella a una niña con una imaginación desbordante. Por eso quería que llegara el domingo. Porque nunca sabía la aventura que iba a vivir en casa de mi abuela. Mi abuela era un ser sobreprotector en exceso. La tenía en un burbuja, si yo hubiera vivido allí con ella también me tendría igual. En casa tenía restringidos las habitaciones a las que podiamos entrar y a las que no. Así que mi prima aprovechaba para contarnos las historias más rocambolescas de las habitaciones.
Después de comer siempre teníamos que dormir la siesta, fuera invierno o verano. Bueno dormir la siesta era lo que creía mi abuela y es que mi prima se escapaba por la ventana y me arrastraba a mí con ella y yo arrastraba a mí hermano. Lo curioso es que nunca nos pillaron.
Un día se le ocurrió otra brillante idea, aunque ese día nos castigaron. Habían nacido unos corderos y fuimos a por uno y lo pintamos con temperas de colores.
Cuando llegaba el verano y las fresas empezaban a estar rojas nos las comíamos de la planta sin dejar que llegaran a madurar.
La peripecia más grande y la que pudo tener un final trágico. Y es que uno de esos domingos mi prima nos habló del bosque encantado donde había unos duendes que eran amigos suyos y teníamos que ir a verlos. Así que pusimos rumbo en busca del bosque encantado por un sendero. Estuvimos andando más de una hora y no había ni un solo árbol en kilómetros a la redonda. Por fin la pude convencer y nos dimos la vuelta pero no recordábamos el camino de vuelta. No recuerdo como llegamos hasta una pista forestal. Por suerte pasó un coche por allí y paró al ver a tres niños. Era una familia amiga de mis abuelos que nos reconoció, nos subieron al coche y nos llevaron a casa. La bronca que nos echaron fue monumental y es que llevaban casi una hora buscándonos por todos lados y estaban asustados. Después de eso no volví a creer las fantasías de mi prima.
Aquellos domingos tampoco duraron mucho más. La vida con esa costumbre que tiene de ir dando palos, hizo que no volviésemos más domingos a comer a casa de mi abuela.
Hace poco pasé por allí, y vinieron a mi cabeza tantos recuerdos. Es una pena verla tan deteriorada y abandonada. Nadie volvió a sembrar fresas, ni a criar corderos, ni rosas a la entrada. Ya nadie va a visitarla.

viernes, 26 de febrero de 2010

Espera

Parece que fue ayer
y ya han pasado mil horas
que estuviste entre mis brazos.
Parece que fue ayer
y ya han pasado mil horas
que recibí el último abrazo.
Parece que fue ayer
y ya han pasado mil horas
que me diste tu último beso.
Parece que fue ayer.
Parece.
Hoy no ha salido el sol
esperando que volvieras,
que volvieras con
una sonrisa y un beso en tu boca,
que volvieras con un abrazo,
que volvieras con el calor de tu cuerpo.
Yo esperaba,
y pasaron miles de horas delante de mis ojos.
Y pasaron miles de horas en mi mente,
recuerdos llenos de besos, llenos de abrazos,
llenos de calor.
Hoy han pasado siglos desde que te fuiste.
Hoy han pasado frente a mi tus ojos y tus brazos,
hoy han pasado.
Ya no hay soles aquí que quieran calentar mi alma.
Hoy ya no hay lunas que quieran acompañarla.
Hoy ya no queda nada.
Se van tus besos contigo y me quedo sola,
si nada.
Se van tus abrazos junto a ti y no me queda
nada.
Tus recueros se van.
Hoy pasan las horas y no sale el sol.
Hoy llueve y muero con tu reloj.
Hoy ya no estás aquí.
Se acaba el día sin ti.
Se acaban los días por ti.
¿Qué hago sin ti?
Ya no hay horas que recordar
ni besos que olvidar
ya no hay abrazos en mi piel
ni susurros de miel.
Se han ido contigo
y me han dejado sin ti.
Pero aun parece que fue ayer
cuando te oía cantar mi nombre,
aun parece que fue ayer
cuando te oí gritar sin voz.
Aun parece que fue ayer
pero es hoy
aun parece que estás conmigo
pero estoy sola.

jueves, 25 de febrero de 2010

Juegos de niños

"En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta". Pablo Neruda


De niños siempre estabamos en la calle jugando. Prácticamente nos criamos en ellas y crecimos allí. Me gustaba llegar a casa del colegio soltar la mochila, coger la merienda y rápida me iba a la calle a jugar con mis amigas.
Cada época está marcada por un juego, cuando la cogiamos con uno pasaba mucho tiempo hasta que cambiabamos. No recuerdo las épocas pero si cada juego con claridad. El que más me gustaba sin duda era la rayuela y es que me daba la oportunidad de jugar sola ya que no siempre coincidía con mis amigas.
En la plazuela que hay al lado de mi casa, se desarrollaban la mayoría de ellos. En ella sobre el asfalto había dibujada una rayuela que marcaba la primera que llegaba con una tiza cogida de la pizarra del colegio o con un trozo de escayola cogido de una obra. Yo siempre llevaba mi piedra favorita, planita y redondita cogida en un río. Aún hoy cuando paseo por algún río me fijo en las piedras las cojo y pienso "esta si que es buena para mi rayuela". Así pasabamos la tarde.
Hoy, años más tarde, cuando voy al pueblo y paso por allí oigo las risas de cuando eramos pequeñas y siento nostalgia. Nostalgia por haber crecido y nostalgia por haber perdido a algunas de esas amigas con las que jugaba por el camino.
El lugar que ocupaba mi rayuela hoy lo ocupa un coche semiabandonado y ya no hay niños como antes, ya no hay risas, ya no hay rayuelas.